La navidad es la época del año en la que buscamos esa calidez hogareña, esa ternura en manos de los que más queremos. Compartimos comidas, cenas y sonrisas. Las estaciones de tren y los aeropuertos se inundan de abrazos, sonrisas y lágrimas porque han llegado los nuestros! Y que guapos están!
Muchos vuelven a esa casa donde crecieron y que por motivos de esta maldita crisis han emigrado muy lejos de este país, pero traen novedades, anécdotas y esperanza.
El transito de casa augmenta, hace tan solo dos días la casa estaba vacía y ahora una decoración acogedora y un entrar y salir de amigos y familiares la llenan de alegría. Cantamos villancicos juntos, los más pequeños corretean por toda la casa ante la mirada del más veterano que a escondidas saborea esa copa de cava que el doctor le tiene prohibida. Bebemos, brindamos y en mi casa una tradición:
EL PANETTONE, un bizcocho típico de la navidad italiana que solo con solo olerlo llega a mi memoria mi nonno, ese hombre de pelo cano y nariz sonrojada que gritaba un italiano mezclado con el castellano. Era un hombre distinguido que sabía lucir como nadie una estilosa gabardina, un atractivo sombrero y un elegantísimo bastón que de pequeña me recordaba a Willy Fog. Ahora el nonno es mi padre y sigue trayendo ese panettone a casa para que a los más pequeños dentro de unos años tengan tan presente en su memoria las alegres celebraciones de estos días.
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¡FELIZ NAVIDAD!